El nacimiento de la Font Antiga está situado a 3,5 kilómetros del municipio y a 300 metros sobre el nivel del mar, entre el Castellar y la Loma Blanca.

La cita más antigua sobre los riegos en Crevillent la hace el geógrafo Al Himyari: “Karbalyan, localidad de al-Andalus, a veinte millas de Orihuela. Posee numerosos olivares y se beneficia de un abundante regadío”.

Fue la primera y más importante fuente de abastecimiento de aguas para riego y consumo humano del Municipio. Las aguas eran conducidas a través de una red de canales que se extienden a lo largo del Barranco de la Rambla hasta la población. En su camino hacía mover varios molinos y suministraba a un depósito y un lavadero (actual biblioteca), antes de entrar en el núcleo urbano.

Vicente Gozálvez sugiere que uno de los motivos de la existencia en un ámbito geográfico tan próximo de los yacimientos del Castellar Colorat, la Fonteta del Sarso y el Forat es la presencia de la Font Antiga que en aquellos tiempos nacería a flor de tierra.

La Font Antiga favoreció que a su alrededor se asentaran poblados íberos datados de los años 550 antes de Cristo. En esa época, sus aguas brotaban de forma espontánea, discurriendo por el barranco en dirección sur hacia los saladares. Actualmente este manantial se encuentra agotado desde 1974.

Se cree que los romanos fueron los primeros en canalizar el agua de este manantial, creando una red de regadío en la zona sur del término, la cual fue posteriormente ampliada por los musulmanes.

Estos últimos también fueron los que consiguieron perforar un “qanat” (túnel) en un punto más bajo de donde brotaba el agua, llevándola así hasta el municipio y sus campos por medio de una acequia de tres kilómetros de longitud. Esta canalización es la conocida como la “Sequia” de Crevillent.

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Qanat 1 Fuente: https://rutasyvericuetos.blogspot.com

El casco urbano iba perfilándose al este de la Rambla y con el tiempo, distintos brazales cruzarían por debajo el núcleo urbano como alcantarillado.

Además, aprovechando el desnivel existente en la bajada de la sierra, se construyeron molinos harineros: dos había cuando la expulsión de los moriscos en 1609, tres en el siglo XVIII y seis a final del siglo XIX.

Por otra parte, mudéjares y moriscos consiguieron un ejemplar sistema de regadío. La división del hilo de agua en tantas doblas, (luego horas), como tahúllas podía regar -huertos y tierras hortales-, permaneció inalterable hasta nuestros días.

La expansión demográfica de la villa a partir del siglo XVIII propició una lucha constante por conseguir mayor caudal hídrico. Si los moriscos dejaron excavado un qanat, dos siglos más tarde había ya un tercero, el último.