Don Gutierre de Cárdenas tiene una extensa biografía llena de hazañas, sin embargo, en este texto solo se van a relatar los momentos más característicos de su vida.

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D. Gutierre de Cárdenas Fuente: Tres Culturas- Blogspot

Nació en Ocaña antes de 1450, hijo de Don Rodrigo de Cárdenas y Doña Teresa Chacón. El Arzobispo de Toledo, Don Alonso Carrillo, lo introdujo en la Corte, siendo nombrado, por la princesa Isabel, su maestresala.

El 19 de septiembre, debido a la muerte misteriosa del infante Don Alfonso, heredero de Castilla, es proclamada heredera de la corona su hermana Doña Isabel en el acuerdo de los Toros de Guisando, designación que hace urgente el que contraiga matrimonio, para asegurar cuanto antes la continuidad de la dinastía.

Un mes más tarde se reúnen en Ocaña las Cortes del Reino, hospedándose la futura reina en la casa de don Gutierre. Ambos entran en la historia en esta fecha, por la cual, señora y vasallo, caminarán juntos, hasta el fallecimiento de este útimo.

En aquella casa de los Cárdenas, primero, y más tarde, en Valladolid, ocultándose de la vigilancia del rey Enrique IV, se celebran reuniones del pequeño grupo de consejeros incondicionales de Doña Isabel, entre los que desde luego, se encuentra Don Gutierre, para resolver antes de que sea tarde, quién ha de ser elegido esposo.

Tres pretendientes insisten impacientes:

El primero, Alfonso V de Portugal, veinte años mayor que la infanta, viudo y con hijos del primer matrimonio, que excluyen de la corona lusa a los que pudiera tener ahora con Isabel. La infanta lo conocía por haberlo visto hacía cinco años en Gibraltar, gordo y calvo. Podía llegar a estimarlo como padre, pero nunca a quererlo como a un marido.

El segundo, el Duque de Guyema, hermano y presunto heredero de Luis XI de Francia, era aún peor: débil, afeminado, de miembros tan flacos que parecían deformes, y con ojos tan débiles y llorosos que le hacían inepto para toda empresa caballeresca.

Por último, el tercero, Don Fernando de Aragón, en él se reunían la Razón de Estado, ya que un día habría de heredar de su padre la corona de media España para soldarla a la otra media ostentada por Isabel, y su ilusión de joven de dieciocho años, pues, según la referencia del mismo emisario, era: “aunque de mediana estatura, bien proporcionado en sus miembros, en las facciones de su rostro bien compuesto, los ojos rientes, los cabellos prietos e llanos, e hombre bien complisionado”.

Se eligió a Don Fernando. Y esa misma noche, sigilosamente, sale Cárdenas, con Alonso de Palencia y una pequeña escolta, hacia Aragón. Viajan bien armados y por caminos escondidos.

El 25 de septiembre de 1469 llegan a Zaragoza. Burlando astutamente numerosas emboscadas, Cárdenas regresa enseguida a Castilla y trae para Isabel la buena nueva y la promesa de la inmediata llegada del infante, y, como prenda, 8.000 florines de oro y un soberbio collar de perlas y diamantes, regalo del prometido.

En la semana siguiente, un grupo de mercaderes ayudados por un mozo de 17 años, cruza, aprovechando horas intempestivas y tiempo tormentoso, los caminos de Tarazona, Berdigo, Soria, Burgo de Osma y Dueñas, donde llega el 9 de Octubre. El 14, en el palacio de Vivero de Valladolid, donde la infanta está alojada, D. Gutierre presenta a Doña Isabel el grupo de los expedicionarios. La infanta está impaciente por saber quién entre ellos es su prometido, y entonces D. Gutierre que estaba a su lado, señala al fingido mozo de mulas e, insistentemente, le dice; “Ese es, ese es”. Doña Isabel en recuerdo de este momento que debió de ser de los más emotivos de su vida, concede a Cárdenas el derecho de usar como orla de su escudo, ocho ESES de oro en campo rojo.

El miércoles 18, ratificaron las capitulaciones matrimoniales y solemnizaron los esponsales, el 19, en el mismo palacio de D. Juan Vivero, se celebró el matrimonio, y siete días más tarde, según costumbre de la época, todo el pueblo pudo ver juntos por primera vez a los recién casados, yendo a oír Misa a la Iglesia de Santa María.

Isabel se sentía feliz, y nunca olvidó que a Cárdenas se lo debía, en agradecimiento a los “muchos trabajos afanes y peligros que habedes pasado en la contratación de nuestro matrimonio, en que vos mucho trabajasteis, poniendo la persona a todo riesgo y peligro fasta que por la gracia de Dios fue consumido. Nos vos facemos merced de la villa de Elche e lugar de Crevillent, que son situados en el reino de Valencia, para vos e para vuestros herederos y subcesores, por justo de heredad, para siempre jamas, como todos sus caminos, tierras y territorios, y con las rentas y réditos y proventos al Señorío de dicha villa y lugar pertenecientes, y con la justicia y jurisdicción alta y baja y mero y misto imperio”.

Dos años más tarde, en 1470, la infanta le devuelve a Cárdenas, en la misma moneda, el favor recibido, concertando su matrimonio con una de sus amigas predilectas, de la nobleza castellana, hija del Almirante de Castilla, y prima carnal de su propio marido. Se llamaba Doña Teresa Enríquez y Alvarado y reunía dotes morales tan destacadas que, justamente, nos queda aún su aroma de santidad y el apelativo de “Loca de sacramento” con que llegó a designarla el Papa Julio II.

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Dña. Teresa Enríquez y Alvarado Fuente: artesacro.org
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Fuente: palomatorrijos.blogspot.com.es

Otro acontecimiento importante ocurrió el 9 de marzo de 1482 cuando la reina, tratando de saldar cuentas con don Gutierre, le concede la Carta de Privilegio. El mismo año empieza la guerra contra el reino de Granada que había de durar diez años. Cárdenas sigue paso a paso, participando en sus victorias rotundas, y en sus reveses desesperanzadores.

Además, en 1488, Baza, que llevaba ocho meses asediada sin resultado, desfallece al fin, y pide condiciones de rendición. Los Reyes Católicos confían a Cárdenas la delicada misión de negociar con Cidi Hiaya, alcaide de la plaza. Y lo hace con tal éxito que, no solo consigue la capitulación de la ciudad, sino también que el alcaide se convierta al catolicismo y pase al servicio de los Reyes. Era el 4 de diciembre.

Caída la fortaleza que defendía toda la parte oriental del frente, éste se derrumba y cae. El rey de Almería, el temido Abdallah el Zagal, se rinde, tras breves negociaciones llevadas también por Cárdenas; y el 22 de diciembre, el ejército cristiano, con sus Reyes al frente, entra en la ciudad, nombrando Gobernador de la misma al viejo y fiel servidor Don Gutierre.

Don Gutierre de Cárdenas falleció el 31 de enero de 1503, en Alcalá de Henares. Durante su enfermedad doña Isabel lo visitó y éste donó a la reina cuantos beneficios, honores y prebendas había recibido de ella.

Su viuda lo mandó enterrar en el Convento de San Francisco, de Torrijos, donde también descansan los restos de ésta y de sus hijos.

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Sepulcro de Gutierre de Cárdenas y Teresa Enríquez en el coro de la Colegiata de Torrijos Fuente: Agenda T

Este fue el primer Señor de Crevillent por gracia de la insigne reina Isabel. Rudo y sin letras, pero leal y franco; incondicional al servicio de su señora: de temerario valor frente al enemigo, fuerte, pero de corazón grande y tierno junto a la virtud y la humildad.

Fuente: http://www.tallerempleocrevillent.es/semblanzas/gutierredecardenas.html