El pasado 22 de marzo el grupo T´Avalem de Crevillente estuvimos de visita al parque natural de El Hondo con la intención de seguir conociendo y poder llegar a interpretar todos los recursos turísticos con los que cuenta nuestro municipio. Guiados por la bióloga y educadora ambiental Ana realizamos un recorrido por dos de las rutas habilitadas. En primer término, la amarilla, de escaso recorrido; y, posteriormente por la ruta roja, en las que no sólo disfrutamos del avistamiento de las muchas especies de aves que habitan en este humedal, sino también del aprendizaje y particularidades de éstas y de la multitud de flora endémica presente en este espacio.

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Grupo T´Avalem de Crevillent.

La primera parada fue en el centro de visitantes. Ahí, y tras una breve presentación, se nos explicó los factores geográficos que habían influido en la conformación de lo que hoy es El Hondo. No obstante, la lectura de los diversos paneles informativos nos pueden ayudar muy bien a contextualizar qué significa el humedal y cómo se ha formado. Uno de los elementos más interesantes de este inicio a la visita tiene que ver con la enorme cristalera que da vista a parte del parque y en el que ya se pueden avistar alguna de las especies allí presentes.

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Vistas desde el centro de visitantes de El Hondo. Fuente: Patricia Ramón Asencio

Recorrido por la ruta amarilla

Comenzando el recorrido correspondiente la ruta amarilla, denominada “Centro de Información” , la primera parada obligatoria la supuso un espacio habilitado como jardín botánico de especies adaptadas a saladares. En él pudimos observar de cerca una serie de especies endémicas del sureste peninsular de los género Limonium, Suadea o Salicornia, entre otros. Además, dos conjuntos de tarays que, sobre todo en época de floración, dejan una estampa digna de ser visitada.

Asimismo hay habilitada una pasarela de madera, gracias a la cual anduvimos por encima del saladar y observamos especies que habitan aguas poco profundas, denominadas aves limícolas. Entre ellas, destacar la Avoceta (Recurvirostra avosetta) o la Cigüeñuela (Himantopus himantopus), ambas presentes todo el año.

Se trata de un recorrido corto, de apenas 800 metros, y realizable en apenas 20 minutos.

Sosa Jabonera
Sosa jabonera, una de las especies que encontramos en el jardín botánico de El Hondo. Fuente: Patricia Ramón Asencio

Recorrido por la ruta roja

Tras el recorrido por la ruta amarilla nos dispusimos a realizar parte de la ruta roja. Hay que indicar que ésta sólo se realiza los sábados tras el oportuno consentimiento de Riegos de Levante, propietario de los terrenos por los que discurre. El grupo máximo permitido para esta ruta es de 40 personas. Este día la pudimos llevar a cabo. Así, nos trasladó el autobús hasta la entrada por la puerta norte, donde comienza la ruta, hasta el final de la misma, en la que se encuentra uno de los observatorios más interesantes, conocido como “La Rosseta”. Gracias a su posición sobreelevada es posible disfrutar de unas vistas increíbles tanto del al embalse de Poniente como de Levante. Se trata de un punto estratégico desde donde observar grandes concentraciones de aves, sobre todo en época de invernada. Entre ellos, el pato cuchara (Anas clypeata).

Hay que indicar que todo el recorrido tiene una longitud aproximada de 5 km y una duración de dos horas y media. Se realiza de forma circular.

Observatorio Rosseta
Observatorio La Rosseta, de El Hondo. Fuente: Patricia Ramón Asencio

Como la falta de tiempo apremiaba y comenzamos por el penúltimo observatorio de la ruta, para no quedarnos sólo con esas vistas deshicimos parte de la misma con el objetivo de visitar otros puntos de observación con los que cuenta la ruta. Así que continuamos por el camino señalizado, deteniéndonos, en varias ocasiones, para contemplar muchas de las especies que íbamos encontrando. Así, llegamos al primer punto de observación, conocido como “El Tollo”, acondicionada como caseta de madera y desde donde disfrutamos de buena parte de avifauna con la que cuenta el parque. Desde la garza imperial (Ardea purpurea), la Garcilla cangrejera (Ardeola ralloides) o algunas anátidas como la Cerceta pardilla (Marmaronetta angustirrostris), uno de los emblemas de El Hondo.

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Vistas desde el observatorio de “El Tollo”, en El Hondo. Fuente: Patricia Ramón Asencio

Asimismo, seguimos andando en dirección a los muchos puntos de observación de los que dispone esta ruta roja. Sin duda, ésta es la más interesante desde el punto de vista faunístico, tal y como evidencian los seis observatorios con los que cuenta. De este modo, llegamos al que, en un recorrido “normal”, sería el primer punto elevado de la ruta: una torre-mirador de madera desde donde se se ve la zona norte del embalse de Poniente y alguna de las lagunas que circundan el parque. Indicar que en este observatorio conviene no subir un grupo superior a nueve o diez personas, de ahí que tuviéramos que hacerlo en dos grupos.

Ya terminada la visita, retornamos al centro de visitantes y, tras despedirnos por el trato recibido y las explicaciones dadas, nos volvimos a Crevillente. Sin duda, fue toda una mañana de aprendizaje en un espacio natural único en toda la Comunidad Valenciana que bien merece la pena conocer. Por tanto, os animamos a que lo visitéis y que, en función de vuestras posibilidades, realicéis alguna de las rutas que hay habilitadas.

Zampullin cuellinegro
Ejemplar de zampullín cuellinegro (Podiceps nigricollis) en El Hondo. Fuente: Patricia Ramón Asencio