Muhammad Al-Shafra nació en Crevillent en la segunda mitad del siglo XIII. Hijo del médico herbolario del pueblo, aprendió desde la infancia los secretos de las plantas medicinales, acompañando a su padre a recogerlos en nuestra sierra, rica en las más variadas hierbas curativas. Estudiándolas profundamente, pronto comenzó a destacar como un experto sanador de toda la clase de enfermedades, gracias a sus conocimientos de botánica. No satisfecho con esto, se trasladó a Valencia donde estudió medicina y cirugía completando su saber con el médico Abd Allà Ibn Siray. A requerimientos del ra’is de Crevillente, regresó a ejercer su oficio de médico en su pueblo que, por aquellos tiempos, era un importante emporio político-económico.

 

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Retrato de Mohamed Al-Shafra
De nuevo en Crevillente, su fama fue aumentando, por toda la España musulmana, siendo solicitados sus servicios médicos por las principales familias de la nobleza y la realeza árabe, debido a la cual se trasladó a Granada.

Después entró al servicio del sultán Naser, de Cádiz, al que curó de de una grave enfermedad. A su servicio, creó en Guadix, un jardín botánico y tras viajar por Bagdad, Damasco y Bizancio, se instaló en Fez y Marrakech.

Escribió importantes libros de medicina y cirugía, destacando un tratado sobre los tumores. De su obra se conservan tres manuscritos en la Real Biblioteca de Fez. Con más de ochenta años de edad, famoso y respetado, Al Shafra sintió añoranza por su tierra, por el Crevillente en que nació y del que procedían sus antepasados, por lo que regresó a la Península, a finales de 1359, deteniéndose en Granada. Allí, unos meses después, el Jueves 6 de febrero de 1360, le sorprendió la muerte sin que pudiera llegar a realizar su sueño de volver a ver a su pueblo.

De su sapiencia y conocimientos médicos, nos ha llegado a través de los siglos hasta nuestros días, el célebre adagio popular que dice: “sap més que’l Shafra”.

Hoy, al cabo de los siglos, la ciencia médica mundial reconoce y aplaude la labor y enseñanzas de este eminente médico-cirujano. Y en 1999, nuestra localidad, decidió recordarle como tal, erigiendo una gran plaza entre pisos cuya fachada de marcada línea morisca, cobijan el monumento del busto del médico y una placa que lo reconoce como hijo del pueblo crevillentino, todo sobre un terrario al estilo árabe. Esta plaza recuerda a los patios interiores de las casas musulmanas.

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Escultura-retrato del médico Al-Shafra sujetando su tratado
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Vista principal de la plaza
En la placa inferior, podemos leer un resumen de su biografía y finaliza con la frase: “¡Gloria y honor a los hijos ilustres de Crevillente!“.

 

 

Fuentes: texto escrito por M. Martínez Montoya.