En el Siglo XVIII hubo un extraordinario aumento de la población local, pues de los 800 habitantes habidos en 1609 la expulsión de los moriscos, se llega a 8.100 habitantes en 1794. En aquellos momentos, los nuevos habitantes tuvieron que hacer uso de las laderas de barrancos, construyendo cuevas que serían utilizadas como viviendas.

Las cantidades registradas por Cavanilles a finales del siglo XVIII sumaban 500, que se convirtieron en 1.056 en los años 80, sin embargo, se redujeron a 900(cantidad poco despreciable).

Este tipo de viviendas-cueva,tenían ciertas ventajas, entre ellas la facilidad al construirlas, lo económicas que podían ser y sobre todo la de ser de carácter climático puesto que tienen una temperatura muy estable tanto en invierno como en verano.

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Esta peculiar forma de construcción, exclusiva de muy pocas poblaciones, históricamente usadas por las clases más modestas, se sigue conservando hoy día y algunas de ellas continúan siendo habitadas. Muchas han sido rehabilitadas  se les ha añadido construcciones externas que con amplios patios que complementan su capacidad habitable.

Se organizan en alineaciones condicionadas por la configuración geográfica con relieve. En el caso de las zonas con pendiente pronunciada, se distribuyen de forma escalonada, conformando un paisaje típico. En otros casos las instrucciones quedan perpendiculares al terreno.

Al principio se encuentran el Constan de un amplio comedor con habitaciones, lados ,aseo y cocina externos, y en el techo destaca la chimenea, y sobre la habitación más alejada de la puerta, que sirve también para circular el aire.

La gran mayoría están situadas en las zonas altas de Crevillent, como pueden situadas en las calles: Bayona,Macha,Colón,Violín,Planelles,Sendra,El Ángel,La Salud,Llorens,Rincón Salado,Perdigonera y Carretas y también hay algunas en la boquera del  Calvario que se encuentran totalmente enclavadas . También quedan unas pocas en la Avenida San Isidro.

Llama mucho la atención por otro lado, que no se les haya dado apenas protagonismo, pues pueden contribuir el desarrollo turístico de Crevillent, como ocurre en la zona de Andalucía.

Destaca, la cueva-museo “Etnográfico”,situada al lado de la ermita de la Virgen de la Salud, perteneciente a un matrimonio que durante su jubilación se dedicó a realizar auténticas maravillas con el esparto, transmitiendo así el legado de sus antepasados. Hemos de recordar que el esparto fue una de las materias primas que más caracterizó Crevillent.  Fuente